Volví antes de lo previsto después de mi turno nocturno y encontré a mi hijo de 5 años durmiendo en el frío suelo de la cocina. Cuando lo cogí en brazos, me susurró: “Mamá, ya no quiero jugar al juego de papá”. Entonces levanté la vista hacia la planta de arriba… y entendí por qué mi marido no había bajado en toda la noche.

Después apareció Daniela.

Mauricio dejó de respirar por un instante.

“Yo puedo explicar eso.”

La grabación continuó.

Mateo aparecía solo horas después.

Luego otra fecha.

Y otra.

Y otra más.

Una noche el niño se veía acostado directamente sobre el piso.

En otra, arrastraba una cobija desde el sillón.

En una tercera, se acercaba a las escaleras y retrocedía cuando escuchaba un ruido arriba.

Verónica apretó los puños.

Ya había visto aquellas imágenes esa mañana.

Pero volver a observar a su hijo mirando las escaleras esperando a un padre que había decidido ignorarlo le abrió la herida otra vez.

Mauricio señaló la pantalla.

“¡Nunca estuvo en peligro!”

La funcionaria lo miró con severidad.

“Un niño de 5 años permaneció durante horas sin supervisión efectiva mientras usted le ordenaba no acercarse a la habitación donde se encontraba. Eso sí constituye un riesgo que debe investigarse.”

“¡Su madre ni siquiera estaba aquí!”

Verónica dio un paso adelante.

“Porque estaba trabajando.”

“Exactamente”, respondió Mauricio. “Nunca estás. Yo soy el padre que se queda con él.”

“¿Quedarte con él?”

La voz de Verónica se quebró por primera vez.

“Mateo pensaba que pasar hambre y dormir en el suelo era un juego.”

Mauricio volvió la mirada.

“Estás dramatizando.”

Entonces alguien habló desde la entrada.

“No. Ella no está dramatizando.”

Daniela entró.

Mauricio abrió los ojos.

“¿Qué haces aquí?”

Daniela llevaba los ojos hinchados.

“He dado mi declaración.”

Mauricio dio un paso hacia ella.

“¿Tú le entregaste mis mensajes?”

“Sí.”

“¡Me dijiste que la convenciste de irse!”

“Te mentí.”

Mauricio perdió finalmente el control.

“¡Después de todo lo que hice por ti!”

Daniela soltó una risa amarga.

“¿Por mí? Me dijiste que tu matrimonio había terminado. Me dijiste que Mateo dormía cada vez que yo venía. Me utilizaste para destruir a mi propia hermana.”

Verónica la miró.