—No existe otra solución.
—Eso es lo mismo que me dijiste sobre Lucía.
Mercedes comprendió que ya no podía convencerlo.
Antes de salir, se giró.
—Ni siquiera sabes si esos niños son tuyos.
Álvaro miró hacia el dormitorio.
—Lo averiguaré de la forma correcta. Y si lo son, nunca volverás a decidir por mí qué relación puedo tener con ellos.
La puerta se cerró.
Lucía tardó varios segundos en hablar.
—No quiero convertirme en el motivo por el que pierdas tu empresa.
—No eres el motivo.
—Has cancelado un compromiso esta noche.
Álvaro abrió la caja donde aún guardaba el anillo destinado a Claudia.
Lo dejó sobre la mesa.
—Iba a casarme con una mujer a la que no amo porque todos me repetían que era la única manera de salvar Serrano Infraestructuras. Si la empresa solo puede sobrevivir usando mi matrimonio como garantía, entonces tenemos un problema mucho más grande que tú.
Lucía lo estudió en silencio.
—Has cambiado.
—No lo suficiente.
—Eso también es cierto.
A la mañana siguiente, el escándalo estalló.
Claudia Valdés había abandonado el restaurante poco después de enterarse de la cancelación. Los invitados comenzaron a especular y alguien filtró a un periodista económico que el compromiso estaba relacionado con una negociación empresarial.
Las acciones de una de las sociedades asociadas cayeron.
El Grupo Valdés suspendió temporalmente el acuerdo.
A las 08:30, Álvaro ya tenía 17 llamadas perdidas.
A las 09:00, su consejo de administración exigía una reunión.
A las 09:16, Claudia le envió un mensaje.
«Me has dejado en ridículo delante de 2 familias, pero prefiero esto a convertirme en tu esposa únicamente porque nuestros padres lo consideran rentable. No me debes una boda. Me debes una disculpa».
Álvaro se la dio.
No intentó convencerla para que reanudara el compromiso.
No utilizó sentimientos para salvar contratos.
La empresa tendría que comportarse como una empresa.
Mientras tanto, Lucía insistió en marcharse del ático cuanto antes.
—No quiero que los niños crean que, porque has aparecido, todo ha cambiado de repente.
—Lo entiendo.
—No. Todavía no.
Lucía abrió una mochila donde guardaba la ropa de los 4.
—Mateo lleva años preguntando por qué no tiene padre. Hugo dejó de hacerlo. Daniel piensa que hablar de ti me pone triste. Y Nico cree que probablemente vives en otro país.
Álvaro bajó la mirada.
—¿Qué les dijiste?
—Que su padre no sabía dónde estaban.
—Era verdad.
—Era la verdad menos dolorosa que tenía.
Aquella misma semana iniciaron las pruebas necesarias para confirmar la paternidad.
Lucía dejó clara una condición.