Detrás de ellos caminaba Santiago.
Esta vez vestía traje oscuro.
Octavio se quedó blanco.
—Señor Valdés…
Regina bajó lentamente el micrófono.
—¿Santiago Valdés?
Los periodistas comenzaron a gritar.
Santiago subió al escenario.
—La anciana a quien Regina Alcázar golpeó se llama Elena Valdés.
Hizo una pausa.
—Es mi madre.
El ruido dentro de la plaza fue ensordecedor.
Daniela lo miró, todavía dolida por la mentira, pero comprendió por qué todos parecían aterrados.
Santiago señaló la pantalla gigante.
—Y ahora vamos a ver lo que realmente ocurrió.
Apareció una grabación tomada por una cámara de un vehículo de reparto estacionado frente a la entrada.
Se veía todo.
La bolsa.
Elena intentando ayudar.
La bofetada.
La mano de Regina levantándose otra vez.
Daniela deteniéndola.
Cuando terminó, nadie habló durante varios segundos.
Regina estaba pálida.
—Ese video está manipulado.
Una especialista respondió:
—Fue analizado por 3 peritos independientes.
Octavio trató de bajar del escenario.
Santiago lo detuvo con una frase.
—Todavía falta hablar de la grabación que borraste.
Y entonces Octavio comprendió que ya no estaba intentando salvar a Regina.
Estaba intentando salvarse a sí mismo.
PARTE 3
La investigación creció mucho más allá de una bofetada.
Durante años Octavio había ocultado quejas contra Regina y otros clientes poderosos.
Había modificado reportes.
Había presionado empleados.
También aparecieron movimientos de dinero hacia empresas falsas.
Pero la peor prueba fue una cámara de pasillo.
Mostraba a Octavio entrando al vestidor del gimnasio con una caja plateada escondida bajo la chamarra.
15 minutos después salía sin ella.
La pulsera había sido colocada en el casillero de Daniela después de que ella ya había sido despedida.
Frente a las autoridades, Octavio terminó derrumbándose.
—Regina me dijo que lo hiciera.
—¡Mentiroso! —gritó ella.
—Tengo los mensajes.
Regina quedó congelada.
Octavio entregó su teléfono.
Había instrucciones para borrar el video, colocar la joya y presionar a Elena.
Regina intentó culparlo.
—Tú aceptaste.
—Porque me amenazaste.
—Tú tomaste tus propias decisiones.
Daniela observó la escena.
El dinero que durante semanas había obligado a todos a callar ya no podía comprar silencio suficiente.
Regina y Octavio fueron llevados a declarar por amenazas, manipulación de evidencia, falsedad de informes y otros posibles delitos.
El padre de Regina tampoco pudo detenerlo.
El caso ya era demasiado público.
La policía emitió un comunicado.
Daniela había sido falsamente acusada.
Las mismas cuentas que días antes la llamaban “violenta” comenzaron a compartir el video completo.
Su nombre quedó limpio.
Pero la herida no desapareció inmediatamente.
Marcos le ofreció recuperar su trabajo.
—Debí confiar en ti.
—Sí.
—Tenía 12 empleados que dependían de ese gimnasio.
—Y yo era una de ellos.
Marcos bajó la cabeza.