Yo sabía que había llegado el momento de revelar lo que había descubierto esa misma tarde.
—Porque la inversión familiar existe —dije—. Solo que no está a nombre de nuestra familia.
El hombre sentado a la derecha de Elena se puso de pie.
—¿De qué estás hablando?
Saqué una copia del documento que había encontrado en los archivos.
—Estoy hablando de una transferencia de dinero desde la cuenta de mi restaurante hacia una empresa registrada a nombre de Elena.
La mujer que estaba junto a ella palideció.
Elena golpeó la mesa con la mano.
—¡Eso fue un préstamo!
—Un préstamo que nunca autorizaste conmigo.
—¡Soy tu familia!
—Precisamente por eso confié en ti.
La música dejó de sonar.
El cantante había entendido que algo grave estaba ocurriendo y había pedido a los músicos que pararan.
Todos los invitados miraban ahora a Elena.
Pero entonces ella hizo algo inesperado.
Sonrió.
Una sonrisa pequeña, casi tranquila.
—Está bien —dijo—. Si quieres jugar así, juguemos.
Sacó su teléfono del bolso.
—Porque yo también tengo algo que mostrar.
Sentí que el estómago se me cerraba.
Elena desbloqueó la pantalla y la colocó sobre la mesa.
—Tu esposo me pidió que guardara esto hasta que fuera necesario.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué es?
Elena levantó la mirada.
—La prueba de que este restaurante quizá nunca fue realmente tuyo.
Nadie dijo una palabra.
Y entonces deslizó el dedo por la pantalla.
Lo que apareció allí podía cambiarlo todo.