ENCONTRÉ LA CASA ENTERRADA QUE MI ESPOSO CONSTRUYÓ EN SECRETO DURANTE 5 AÑOS PARA SALVARNOS DEL CÁRTEL DE SU FAMILIA. LEÍ SU DIARIO Y LA VERDAD ME DESTROZÓ: “PERDÓNAME MI AMOR, ME ESTÁN ASESINANDO LENTAMENTE Y NO PUEDO HABLAR”.

PARTE 2

Valeria cerró los ojos.

El cañón del arma rozó su nuca.

—No te muevas —ordenó una voz masculina.

Los niños quedaron paralizados.

Pero entonces ocurrió algo que ninguno de ellos esperaba.

Desde la oscuridad del cerro se escuchó un fuerte golpe metálico, seguido de un estruendo. Las camionetas que los perseguían frenaron bruscamente.

Valeria aprovechó el momento.

—¡Corran!

Los cuatro se internaron entre los árboles. Diego llevaba a Leo de la mano y Sofía seguía a su madre mientras las ramas les arañaban los brazos.

Detrás de ellos comenzaron los gritos.

—¡Encuéntrenlos!

Valeria apretó el sobre de Héctor contra su pecho. No sabía exactamente dónde estaba aquella casa, pero recordaba sus palabras: la huerta de aguacates viejos, en el cerro del norte.

Después de casi una hora caminando a oscuras, encontraron la huerta.

Los árboles estaban abandonados y cubiertos de maleza. Valeria sacó una pequeña linterna y buscó alguna señal.

Nada.

Hasta que Diego señaló el suelo.

—Mamá… mira.

Entre las raíces de un árbol había una placa oxidada con una sola palabra grabada:

ESPERANZA.

Valeria comenzó a apartar la tierra con las manos.

Debajo apareció una pequeña puerta metálica.

La abrió.

Una escalera descendía hacia la oscuridad.

Los niños se miraron aterrorizados.

—¿Papá construyó esto? —preguntó Sofía.

Valeria no pudo responder.

Encendió la linterna y bajaron.

Al final de las escaleras encontraron una enorme habitación subterránea. Había camas, comida enlatada, agua, medicamentos, un generador eléctrico y hasta una pequeña cocina.

Pero había algo más.

En una pared había fotografías de ellos.