No podía ser.
Héctor estaba muerto.
Entonces, desde una pequeña bocina oculta en la pared, volvió a escucharse su voz:
—Si estás oyendo esto, Valeria, significa que llegaste a la casa.
Y hay algo que nunca te conté.
Yo sabía que mi muerte no sería el final.
Valeria miró a sus hijos.
Y comprendió que aquella casa no había sido construida solamente para esconderlos.
Había sido construida para preparar su venganza.