Aquella noche, por primera vez, Beatriz salió del hospital sin poder acercarse a su esposo.
Pero la grabación no fue lo único que empezó a derrumbar su versión.
Óscar había revisado los accesos de la empresa y descubierto que una falsa consulta médica en el expediente de Víctor había sido creada desde una laptop asignada al área financiera de Esteban.
Esa consulta recomendaba una combinación de medicamentos peligrosa para un paciente recién operado.
Mariana pidió revisar todo lo que Víctor había estado tomando en casa.
Encontraron algo alarmante.
Durante casi dos meses había recibido pastillas que, combinadas, reducían la presión, provocaban debilidad, confusión y alteraciones del ritmo cardiaco.
—No puedo afirmar quién puso cada medicamento en sus cajas —dijo la doctora—, pero este esquema no aparece autorizado en ningún expediente.
Víctor recordó que Beatriz preparaba personalmente sus pastilleros.
Siempre lo había interpretado como una muestra de cuidado.
Andrés golpeó la mesa.
—Lo estaba enfermando poco a poco.
—Todavía hay que probarlo —respondió Daniela.
Andrés la miró.
Hasta el día anterior había sospechado de ella. Ahora era Daniela quien pedía no condenar sin pruebas.
—Te debo una disculpa —dijo.
—Me conoces desde hace dos días.
—Y en dos días te acusé de querer la herencia y después de casi matar a papá.
—No necesito que te castigues. Necesito que no volvamos a dejar que otra persona nos enfrente.
Andrés asintió.
La investigación avanzó rápido porque quienes habían participado comenzaron a protegerse a sí mismos.
Karla admitió que Beatriz le había pagado para copiar el identificador del gafete de Daniela y dejar una solución preparada en la charola del paciente. Aseguró que le dijeron que era solo un sedante para que Víctor “descansara”.
En su teléfono encontraron una fotografía de dinero, instrucciones para un casillero y llamadas de números ocultos.
Guillermo sostuvo que desconocía el plan médico. Sin embargo, su chofer declaró que varias veces había llevado paquetes a Beatriz por orden del notario. Una de esas entregas coincidía con los días en que aparecieron medicamentos sin empaque.
Esteban intentó borrar correos de la empresa, pero el área de tecnología ya había congelado sus accesos.
Una mañana, cuando entregó su teléfono corporativo, entró un mensaje de Beatriz:
“Ya grabaron todo. Borra la conversación y vete.”
Dos empleados lo vieron antes de que el aparato fuera resguardado.
Después Esteban decidió cooperar.
Entregó mensajes donde Beatriz le prometía una participación en la ganancia por vender la clínica a precio bajo. Él había conseguido información sobre el tratamiento de Víctor y había facilitado una computadora para crear la consulta médica falsa.
En otro intercambio, de semanas antes de la cirugía, Beatriz escribió que su esposo “aguantaba demasiado” y podía modificar el contrato matrimonial.
La respuesta de Esteban fue todavía más inquietante:
“No hagan nada brusco. Si permanece débil y dependiente, será más fácil que firme.”
Daniela dejó de leer.
—Ya entendí suficiente.
Víctor tardó tres semanas más en salir del hospital.
Cuando suspendieron los medicamentos innecesarios, su presión dejó de desplomarse. Recuperó el apetito, comenzó a caminar con bastón y dejó de quedarse dormido en medio de las conversaciones.
También empezó el divorcio.