Se enamoró de una chica pobre que no le prestaba atención… Hasta que un día, inesperadamente, todo cambió…

Hasta que una tarde mencionó el famoso terreno.

—Doña Mercedes, esos papeles viejos solo les traen preocupaciones. Yo conozco personas que podrían comprárselos y quitarles ese problema.

La anciana sonrió con inocencia.

—¿De verdad cree que valgan algo?

Bruno ocultó su emoción.

—Muy poco… quizá lo suficiente para que vivan tranquilas unos años.

Camila lo miró.

—Si casi no valen nada, ¿por qué insiste tanto?

Por primera vez, Bruno perdió la sonrisa durante un instante.

Solo un segundo.

Pero Camila lo notó.

Y aquella pequeña duda comenzó a crecer dentro de ella.


Esa misma noche, Daniel tomó una decisión.

No podía seguir escondido.

No si el silencio significaba dejar que Camila cayera en una trampa.

Al amanecer dejó su mesa habitual en la cafetería.

Esperó frente al paso peatonal.

Cuando Camila cruzó la calle, él respiró profundamente y dio un paso al frente.

—Disculpa… ¿eres Camila Robles?

Ella levantó la vista con extrañeza.

—Sí… ¿nos conocemos?

Daniel sonrió con nerviosismo.

Después de tres años observándola desde lejos, por fin había llegado el momento de decir la verdad.

Pero ninguno de los dos imaginaba que, desde un automóvil estacionado a pocos metros, Bruno los

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