Era exactamente la respuesta que esperaba.
Esa misma noche llamó a uno de sus abogados.
—Consígueme toda la información del terreno Robles. Quiero saber cuánto vale y cómo podemos comprarlo… antes de que ellos descubran lo que tienen.
Al día siguiente, doña Mercedes sufrió un fuerte mareo mientras estaba sola en casa.
Camila recibió la llamada en plena universidad.
Salió corriendo sin siquiera recoger sus apuntes.
Cuando llegó al hospital, la recepcionista le informó que necesitaban un depósito para iniciar algunos estudios urgentes.
Camila revisó su cuenta bancaria.
No alcanzaba.
Respiró hondo y comenzó a hacer llamadas desesperadas.
Bruno apareció apenas veinte minutos después, con un ramo de flores y una expresión de preocupación.
—Me enteré de lo ocurrido. Déjame ayudarte.
Sin esperar respuesta, entregó una tarjeta al área de caja.
—Todo corre por mi cuenta.
Camila sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—No sé cómo agradecerle.
Bruno tomó su mano.
—Solo prométeme que algún día aceptarás cenar conmigo.
Ella dudó unos segundos.
No quería deber favores.
Pero tampoco podía dejar sola a su abuela.
—Está bien…
Desde el otro extremo del pasillo, Daniel observaba la escena.
Había llegado al hospital apenas unos minutos antes, después de recibir una llamada de Irene, quien seguía discretamente las actividades de Bruno.
Daniel vio cómo Camila aceptaba la ayuda.
Y entendió exactamente lo que Bruno estaba haciendo.
No estaba comprando una cena.
Estaba comprando confianza.
Dos semanas después, Bruno ya era un visitante habitual en la casa de Camila.
Llevaba frutas para doña Mercedes, flores y medicamentos.
Parecía el hombre perfecto.