Sebastián no solo había usado dinero de la cuenta común. Había intentado pedir un crédito personal poniendo como referencia la casa de Valeria, insinuando que era “patrimonio conyugal”. No había logrado hipotecarla porque las escrituras estaban únicamente a nombre de ella, pero sí había enviado copias de recibos, fotos del inmueble y documentos donde decía que pronto “regularizarían la situación”.
Valeria leyó esa frase 3 veces.
Regularizar la situación.
Como si ella fuera un estorbo administrativo. Como si su casa, su esfuerzo y sus años pagando sola pudieran acomodarse con una mentira.
Sebastián trató de quitarle importancia.
—No lo hice con mala intención. Solo quería que mis papás estuvieran bien.
—No —dijo Valeria, con una calma que le salió del fondo del alma—. Querías usarme. Y cuando no me dejé, me sacaste.
Doña Teresa miró a su hijo, confundida y furiosa.