Se Vistió De La Peor Manera Para Una Cita A Ciegas — Sin Saber Que El Hombre Que Iba A Conocer Era Un Multimillonario Que Se Enamoró De Ella A Primera Vista

Y pronto se volvieron parte natural de la vida del otro.

A veces caminaban por el Bosque de Chapultepec después del trabajo.

A veces solo hablaban durante horas.

Alejandro adoraba las historias de Lucía sobre sus alumnos.

—Tengo un niño en mi clase —dijo ella un día mientras comían elotes en un puesto callejero— que está convencido de que los dinosaurios todavía viven dentro del volcán Popocatépetl.

Alejandro rió.

—Seguro hay algún inversionista dispuesto a creer eso.

—No todo tiene que convertirse en negocio.

—Nunca dije que lo haría.

Pero Lucía notaba cosas extrañas.

A veces Alejandro recibía llamadas sobre reuniones del consejo.

A veces hombres con traje se acercaban en restaurantes y lo llamaban “Señor Reyes” con enorme respeto.

Pero Lucía decidió no pensar demasiado en eso.

Le gustaba conocerlo simplemente como Alejandro.
La Verdad

Un sábado por la mañana, Lucía fue a casa de Carla.

Cuando entró a la sala, Carla estaba frente a su laptop.

—¡Lucía! —dijo—. Tengo que mostrarte algo.

Giró la pantalla.

Era un artículo de una revista de negocios.

Y en el centro estaba una foto.

Alejandro.

Con traje.

Sonriendo.

El titular decía:

“Alejandro Reyes — El Multimillonario Que Transformó El Mundo de la Consultoría Corporativa en México.”

Las piernas de Lucía se debilitaron.

—Carla…

Carla mordió su labio.

—No te dije que era multimillonario porque él me lo pidió.

—¿Multimillonario?

—Sí.

El silencio llenó la sala.

—¿Cuánto tiempo llevan saliendo? —preguntó Carla.

—Tres meses.

Carla se dejó caer en el sofá.

—¿Tres meses? ¡¿Y no te diste cuenta?!

—No —respondió Lucía.

En realidad…

no quería darse cuenta.
Un Año Después

Un año más tarde.

En una pequeña playa cerca de Playa del Carmen, familiares y amigos se reunieron para una boda sencilla.

Sin prensa.

Sin socios de negocios.

Solo gente cercana.

Lucía llevaba un simple vestido blanco.

Frente a ella estaba Alejandro.

Carla lloraba discretamente al lado.

—Todavía no lo puedo creer —susurró a otra amiga.

—¿Qué cosa?

—Que mi jefe multimillonario casi salió corriendo de una cita con una maestra en sudadera.
La Verdadera Riqueza

Después de la ceremonia, Lucía y Alejandro caminaban por la playa.