OCULTÉ MI IDENTIDAD Y ENTRÉ A TRABAJAR EN LA EMPRESA DE MI ESPOSO. CUANDO TOMÉ SU TERMO, LA SECRETARIA SE ME FUE ENCIMA

—¿Aquí no? —sonreí apenas—. Curioso. Ayer tampoco te importó humillarme aquí.

Ramiro avanzó, abrió una carpeta y habló con voz firme:

—Señor Alejandro Fuentes, por instrucción del consejo extraordinario convocado esta madrugada, queda usted suspendido de todas sus funciones ejecutivas. Además, existe una denuncia formal por fraude corporativo, desvío de recursos, abuso de confianza y uso de empresas fantasma para la extracción ilegal de fondos del grupo.

Camila comenzó a temblar.

—No… no… esto debe ser un error…

Ramiro ni siquiera la miró.

—Y usted, señorita Camila Rivas, queda incluida en la investigación por complicidad, agresión física dentro de instalaciones corporativas y posible participación en operaciones financieras irregulares mediante familiares directos.

Camila giró hacia Alejandro como si esperara que él la salvara.

—¡Diles algo! ¡Tú dijiste que todo estaba cubierto! ¡Tú dijiste que ella era una estúpida que no sabía nada!

Fue como ver cómo una cuerda se rompía.

Los ojos de todos pasaron de Camila a Alejandro.

Y Alejandro entendió, demasiado tarde, que la mujer por la que había traicionado su vida acababa de enterrarlo con sus propias manos.

—¡Cállate! —gritó él.

—¿Que me calle? —chilló Camila, fuera de sí—. ¡Me prometiste matrimonio! ¡Me prometiste la presidencia cuando te deshicieras de ella! ¡Hasta me dijiste que los documentos viejos del fundador ya estaban destruidos!

Aquella frase lo cambió todo.

Sentí que mi espalda se endurecía.

—¿Qué documentos? —pregunté.

Alejandro se quedó inmóvil.

Camila se llevó una mano a la boca, como si acabara de darse cuenta de lo que había dicho.

Yo avancé un paso.

—Contesta.

Él tragó saliva.