La puerta se abrió lentamente… y una mujer elegante bajó.
Sus ojos se llenaron de lágrimas en cuanto lo vio.
—Hijo… —susurró.
El momento era real.
Intenso.
Doloroso.
Hermoso.
Pero lo que nadie esperaba… era lo que vino después.
Ella me miró.
Luego sonrió suavemente.
—Gracias… por no abandonarlo cuando el mundo lo hizo.
Sentí algo romperse dentro de mí… pero esta vez no era dolor.
Era alivio.
Porque entendí algo en ese instante.
No importaba quién había sido Noah en el pasado.
Ni cuánto dinero tenía.
Ni de dónde venía.
Él me eligió.
Y yo lo elegí a él.
Y esta vez… nadie nos iba a separar.