Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier verdad.
Me explicó que cuando era niño, fue separado de su familia tras un accidente. Terminó en el sistema… y con el tiempo decidió no buscar ese pasado.
Había construido una nueva vida. Conmigo.
—Contigo… fui feliz de verdad —dijo—. No quería que el dinero o ese mundo cambiara lo que teníamos.
Pero ya era tarde.
El hombre de la puerta no se había ido.
Seguía allí… esperando.
Y no estaba solo.
Un coche negro elegante estaba estacionado frente a nuestra casa.
—Tu familia está aquí… —le dije en voz baja.
Noah cerró los ojos.
Durante unos segundos, parecía un niño otra vez… perdido entre dos mundos.
El pasado… y el presente.
Finalmente, tomó una decisión.
Se levantó de la cama… me miró directamente a los ojos y dijo:
—Pase lo que pase… no voy a dejarte.
Salimos juntos.
El hombre asintió al verlo… como si hubiera esperado ese momento durante años.
—Tu madre te está esperando —dijo.
Vi cómo Noah apretaba mi mano con fuerza.
Nos acercamos al coche.