PARTE 1
“Mi esposo le dio un puñetazo en la panza a mi hermana embarazada… y gracias a Dios lo hizo.”
Sí, suena horrible. Yo misma lo odié durante unos minutos. Lo vi cruzar el patio de la casa de mis papás en Zapopan, mientras todos cantaban “Las Mañanitas” alrededor del pastel, y pensé que Alejandro venía borracho o fuera de sí. Mi hermana Fernanda estaba sentada en el centro, con su vestido azul cielo, una corona de flores y esa panza enorme de ocho meses que todos acariciaban como si fuera un milagro.
Había más de cuarenta personas: tíos, primos, vecinas, compañeras de trabajo de mi mamá y hasta la comadre Lupita, que había llevado tamales de rajas. Todo era fiesta hasta que Alejandro apareció pálido, con la camisa empapada de sudor y el celular apretado en la mano.
—Aléjate de ella —me dijo, sin mirarme.