Yo no entendía de qué hablaba. Redención, Virgen María. Eran palabras religiosas que no significaban nada para mí, pero continué escuchando porque había algo en la voz de Carlo, una certeza, una paz que desafiaba su condición. Jesús sufrió en la cruz. Continuó, no porque tenía que hacerlo, sino porque eligió hacerlo por amor por nosotros. Y cuando nosotros sufrimos y ofrecemos ese sufrimiento por otros, nos unimos a su sacrificio. Nuestro dolor se convierte en gracia para alguien más. Miré los monitores.
Su saturación de oxígeno había bajado a 85%. “Carlo, necesitas conservar tu energía”, le dije. No. Su voz fue firme. Necesito decir esto. Necesitas escuchar esto, por favor. El tráfico se detuvo. Un semáforo en rojo. Teníamos tiempo. Está bien, dije. Te escucho. No cambies de video. Las palabras que Carlo dijo en los siguientes 20 minutos transformaron a un paramédico ateo en un creyente y te las revelaré todas. Marco continuó Carlo con esfuerzo creciente. En los últimos meses he ofrecido cada momento de dolor, cada náusea de la quimioterapia, cada noche sin dormir, cada lágrima.
He ofrecido todo por la conversión de pecadores, por los jóvenes que están perdidos, por las familias destruidas, por los sacerdotes que han perdido su vocación. Había algo hipnótico en su voz. A pesar de su debilidad física, sus palabras tenían un poder que no puedo explicar. ¿Y sabes qué he descubierto, Marco? Que cuanto más ofrezco mi sufrimiento, más paz tengo. No menos dolor físico, pero más paz espiritual. Es paradójico, es inexplicable, pero es real. Revisé sus signos vitales otra vez.
Presión arterial cayendo, pulso acelerando, respiración más laboriosa. Médicamente estaba empeorando, pero su rostro, su rostro irradiaba una calma que desafiaba los números en los monitores. “¿No tienes miedo?”, le pregunté. “¿Miedo de qué?”, respondió, “De morir. Tienes 15 años, Carlo, toda una vida por delante. ¿No estás enojado? ¿No estás asustado? Su respuesta me dejó sin palabras. Marco, tengo 15 años y he vivido más plenamente que muchos de 80. He amado, he creado, he servido, he conocido a Jesús en la Eucaristía cada día.
Morir. La muerte no es el final, es el comienzo. Es cuando finalmente veo cara a cara a aquel que amé toda mi vida. Movió su mano débilmente, señalando hacia arriba. Allá arriba, Marco, el cielo es real. No es un cuento de hadas, no es una fantasía para consolar a los débiles. Es tan real como tú y yo en esta ambulancia y pronto estaré allí. Yo quería argumentar. Quería decirle que era solo esperanza desesperada, autoengaño para enfrentar lo inevitable, pero algo me detenía.
Quizás era el tono de su voz, quizás era la paz en su rostro, o quizás, solo quizás, era que en lo profundo de mi alma atea, quería que tuviera razón. “¿Cómo puedes estar tan seguro?”, le pregunté. “Porque lo he visto,”, respondió simplemente. Eso captó toda mi atención. “Visto que has visto. He visto el cielo, Marco, en mis oraciones, en mis sueños. La Virgen María me lo ha mostrado y es más hermoso que cualquier cosa que exista en la tierra.
St. Carlo Acutis – The Catholic Crusade
Ahora pensé que estaba delirando la fiebre, la enfermedad, las drogas. Tenía que ser eso. Carl, dije gentilmente, a veces cuando estamos muy enfermos nuestra mente crea, no me interrumpió con más fuerza de la que esperaba. No estoy delirando. No estoy alucinando. Lo que vi fue tan real como tú sentado aquí. más real, incluso se detuvo para tomar aliento. Cada respiración era una lucha. Ahora, Marco, ¿alguna vez has amado a alguien tanto que darías tu vida por esa persona?
Pensé en mi esposa Elena, en mis dos hijas. Sí, admití. Por supuesto. Entonces, ¿entiendes? El amor hace que el sacrificio tenga sentido. Jesús me ama tanto que murió por mí y yo lo amo tanto que estoy dispuesto a sufrir por él. Por otros. Es intercambio de amor. Es el lenguaje del amor más puro que existe. Pasamos por otro semáforo. Estábamos a mitad de camino al hospital. 12 minutos transcurridos, 11 minutos restantes. Carlo continuó. Y Marco, aquí está lo más importante que quiero decirte.
Lo que necesito que recuerdes, detente ahora mismo. Si este testim