lmado durante el traslado. Soy católico, respondió simplemente. Amo la Eucaristía. ¿Tú crees? Me puso incómodo. Yo era ateo. Había sido ateo desde los 20 años. Había visto demasiado sufrimiento, demasiada muerte para creer en un Dios amoroso. No, realmente, admití, respeto tu fe, pero yo yo no creo. Esperaba que se ofendiera o que intentara convertirme. Los pacientes religiosos a menudo lo hacían, pero Carlo solo sonríó. Está bien, pero antes de que lleguemos al hospital, quiero contarte algo.
Có thể là hình ảnh về xe cứu thương
¿Me escucharás? Por supuesto dije, no tenía idea de que estaba a punto de escuchar palabras que perseguirían y transformarían mi vida durante los próximos 18 años. Subimos a Carlo a la ambulancia. Antonia quería venir con nosotros, pero en la ambulancia solo había espacio para el paciente y los paramédicos. Mamá”, dijo Carlo con sorprendente firmeza para alguien tan débil. “Tú y papá, síganme en el auto. Necesito hablar con estos hombres a solas. Es importante.” Antonia pareció sorprendida. ¿Estás seguro, mi amor?
Completamente seguro. Te veré en el hospital. Hubo algo en su tono que no admitía argumentos. Antonia asintió, besó la frente de Carlo y se fue. Cerramos las puertas de la ambulancia. Lucas se sentó adelante para conducir. Yo me quedé atrás con Carl Monitoreando sus signos vitales. El Hospital San Gerardo estaba a 23 minutos en condiciones normales de tráfico. Código amarillo significaba que no usaríamos sirenas, solo un traslado ordinario. Marco, dijo Carlos mirándome directamente. Ese es tu nombre, ¿verdad?
Lo leí en tu identificación. Sí. Respondí, Marco Baldini. Marco, ¿puedo hacerte una pregunta personal? Claro dije, ajustando el flujo de oxígeno. ¿Por qué dejaste de creer en Dios? Nadie me había hecho esa pregunta tan directamente. Usualmente cuando la gente descubría que era ateo o lo evitaban o trataban de convertirme con argumentos teológicos, pero Carlos solo preguntó simple, directo, sin juicio. Vi demasiado sufrimiento respondí honestamente. Demasiados niños muriendo, demasiadas tragedias. Si hay un dios amoroso, ¿por qué permite todo eso?
Carlo asintió como si hubiera esperado esa respuesta. Entiendo. Yo también he pensado en eso. Especialmente en las últimas semanas, mientras esta enfermedad me consume. Hizo una pausa para respirar. Cada palabra le costaba esfuerzo, pero llegué a una conclusión diferente. Puedo compartirla contigo. Tienes 23 minutos de mi atención completa. Dije sonriendo. Adelante. Lo que Carlos me dijo durante los siguientes 23 minutos no solo cambió mi forma de ver la muerte, el sufrimiento y Dios. Cambió quién era yo como persona.
Y todo comenzó con una simple declaración. Marco, el sufrimiento no es castigo, es regalo. Regalo. Repetí, casi ofendí. Carlo, tienes 15 años, estás muriendo de leucemia. ¿Cómo puedes llamar a eso regalo? Carlo cerró sus ojos por un momento. Cuando los abrió, había lágrimas, pero no eran lágrimas de autocompasión, eran lágrimas de gratitud. Marco, voy a decirte algo que muy pocas personas entienden, algo que la Virgen María me ayudó a entender en mis oraciones. El sufrimiento es la forma más directa de participar en la redención del mundo.