Lo que sí sé es esto: el abuso a los adultos mayores existe, y muchas veces ocurre dentro de casas que por fuera parecen normales. Los agresores no siempre son desconocidos. A veces desayunan contigo. A veces duermen a tu lado. A veces sonríen frente a la familia mientras destruyen a alguien indefenso en silencio.
Si ves moretones sin explicación, miedo repentino, pérdida de peso, tristeza o cambios extraños en una persona mayor, no mires hacia otro lado. Pregunta. Observa. Documenta. Actúa.
Yo perdí mi matrimonio, mi rutina y la vida que creí tener. Pero salvé a mi madre.
Y si tuviera que escoger otra vez entre guardar las apariencias o protegerla, volvería a romperlo todo sin pensarlo.