Pero dentro de ella… algo murió.
Y algo mucho más fuerte nació.
Subió lentamente a su habitación, cerró la puerta… y tomó su teléfono.
—Prepárenlo todo —dijo con una voz completamente distinta—. Esta noche asistiré a la gala.
Una hora después…
Un coche negro de lujo se detuvo frente al edificio de la gala.
Las puertas se abrieron.
Y Clara descendió.
Ya no era la mujer que Adrian había dejado atrás.
Vestía un diseño exclusivo, joyas que brillaban bajo las luces, y una presencia que imponía respeto absoluto.
Al entrar, las conversaciones se detuvieron.
Todos la miraban.
Pero nadie estaba más sorprendido que Adrian.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué… qué haces aquí? —susurró, nervioso.
Clara caminó hacia él con calma.
—Vine a ver hasta dónde has llegado… gracias a mí.
Antes de que pudiera responder, el director de la empresa subió al escenario.