ento.
Su vestido… estaba en llamas.
Y frente a él, Adrian, perfectamente vestido con su esmoquin, observaba el fuego con total frialdad.
—¿Qué haces? —gritó ella, desesperada.
Él la miró con desprecio.
—Te estoy ahorrando la vergüenza.
Sus palabras fueron como cuchillos.
—Ya no encajas en mi vida. Ahora soy alguien importante. Mi mundo ha cambiado… y tú no formas parte de él.
Clara sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos.
—Yo te ayudé… estuve contigo cuando no tenías nada…
Adrian soltó una risa fría.
—Y te lo agradezco… quedándote fuera. Esta noche viene Vanessa… la hija del director. Ella sí pertenece a mi nivel.
Clara no dijo nada más.
Se quedó mirando cómo su vestido se convertía en cenizas.