El Juez Se Burló De La Pequeña En Pleno Tribunal Pero La Voz En El Teléfono Lo Hizo Llorar Ante Todos

PARTE 1

“Llama a quien tú quieras, chamaca”, dijo el juez Arturo Garza, riéndose a carcajadas en medio del tribunal de la Ciudad de México, hasta que escuchó quién respondió del otro lado de la línea. La risa del juez Garza resonó por toda la sala solemne como un trueno inesperado. Fue 1 de esas risas ruidosas, carentes de toda formalidad, que se escapan del pecho antes de que el cerebro pueda frenarlas. Con la cabeza echada hacia atrás y las manos golpeando el pesado escritorio de caoba oscura, su actitud rompió por completo la tensión del juzgado.

Los abogados, sentados en las primeras filas, se miraron entre sí con evidente incomodidad. El alguacil, 1 hombre de espalda rígida y rostro severo, clavó la mirada en el ventilador del techo que giraba perezosamente, intentando ignorar cómo el magistrado perdía el control. Y en medio de todo ese caos institucional, estaba ella. 1 pequeña niña que llevaba 1 vestido tradicional bordado con flores de colores vivos, de pie frente a todos, con 1 teléfono celular negro pegado a la oreja. Estaba seria, inamovible como 1 estatua de piedra, ignorando por completo la conmoción que acababa de provocar.

La niña se llamaba Sofía. Tenía apenas 5 años de edad, con el cabello castaño oscuro recogido en 2 trenzas perfectamente peinadas que se balanceaban un poco cada vez que movía la cabeza. En su rostro infantil se dibujaba esa expresión de absoluta convicción que solo los niños pequeños poseen cuando están seguros de que lo que hacen es lo más lógico del mundo. Minutos antes, en 1 descuido monumental, Sofía le había arrebatado el teléfono celular al licenciado Fernando Valdés, 1 abogado de 52 años de edad vestido con 1 traje carísimo de Polanco, justo en medio de 1 tensa audiencia de custodia. Con la agilidad de 1 espía, la niña había marcado 1 número con total tranquilidad.