ESTREMECEDOR! Una humilde empleada doméstica salvó de la muerte al heredero del cártel más temido de México. Al amanecer, le pagaron de la peor manera imaginable…

Esa noche, lejos del ruido y la prensa, Abril salió a la terraza del rascacielos. La lluvia caía suavemente sobre las luces de la capital mexicana. Leonardo llegó por detrás, la envolvió con sus brazos y apoyó la barbilla en su hombro.
—¿Extrañas tu vieja vida? —le preguntó él al oído.
Abril sonrió, entrelazando sus dedos con los de él.
—A veces extraño no saber de lo que era capaz.
—¿Y ahora qué sabes?
Ella se giró para mirarlo a los ojos.
—Ahora sé que aquella noche de tormenta no te saqué del lodo solo para salvarte a ti. También me saqué a mí misma.

Leonardo la besó profundamente bajo la lluvia. Abajo, la ciudad seguía rugiendo con su caos, su corrupción y sus secretos. Pero arriba, la mujer que antes limpiaba mármol y el hombre nacido para reinar en la oscuridad, habían comprendido la lección más grande de todas: que a veces, la verdadera victoria no está en sobrevivir a las sombras, sino en tener el valor absoluto de encender 1 luz en medio de ellas.

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