Después vino una frase que me hizo estremecer.
—Mamá, quiero que sepas que intenté darle una oportunidad. La amaba. No quería creer que fuera capaz de hacerme daño.
La grabación continuó.
—Pero una noche la escuché hablar por teléfono. Dijo que estaba cansada de esperar y que, cuando yo muriera, todo sería suyo. También escuché que hablaba de ti. Dijo que eras un obstáculo porque yo siempre había querido protegerte.
Sentí que las lágrimas me bajaban por las mejillas.
Mi hijo había tenido miedo.
Y había intentado protegerme incluso cuando ya no tenía fuerzas para levantarse de la cama.
Entonces escuché su última frase:
—Mamá, hay algo que todavía no sabes. El abuelo dejó una segunda propiedad a tu nombre. Está en Silver Pines, cerca de la montaña. Allí encontrarás la última parte de la verdad.