PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

Alejandro no me salvó.

Yo me salvé cuando dejé de aceptar que alguien decidiera cuánto valía.

Y si aquella noche hubo un verdadero milagro, no fue que un multimillonario me reconociera después de treinta años.

Fue que, por fin, yo misma pude reconocerme.

FIN.

Y recuerda: nunca permitas que alguien te haga sentir pequeña por el vestido que llevas, el dinero que tienes o el lugar del que vienes. Tu valor no depende de la opinión de quien no supo amarte. ❤️

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