Alejandro no me salvó.
Yo me salvé cuando dejé de aceptar que alguien decidiera cuánto valía.
Y si aquella noche hubo un verdadero milagro, no fue que un multimillonario me reconociera después de treinta años.
Fue que, por fin, yo misma pude reconocerme.
FIN.
Y recuerda: nunca permitas que alguien te haga sentir pequeña por el vestido que llevas, el dinero que tienes o el lugar del que vienes. Tu valor no depende de la opinión de quien no supo amarte. ❤️