Hice una pausa.
—Estaba conmigo. Siempre estuvo conmigo. Solo necesitaba dejar de pedir permiso para mostrarla.
El aplauso fue largo.
Alejandro me tomó la mano.
Pero yo todavía tenía algo que decir.
—Y si alguna mujer está escuchando esto y siente que su trabajo no vale, que sus sueños llegaron demasiado tarde o que alguien la ha convencido de que no es suficiente, quiero decirle algo: nunca es tarde para volver a empezar.
Miré mi vestido.
—A veces, la prenda que otros llaman barata es la que termina recordándole al mundo quién eres.
PARTE 12: EL ÚLTIMO CAPÍTULO
Aquella noche, cuando regresamos a casa, Alejandro me encontró sentada frente a una fotografía antigua.
Era una imagen de nosotros dos cuando éramos jóvenes.
Yo llevaba un vestido blanco sencillo.
Él tenía el cabello oscuro y una sonrisa tímida.
—¿Qué estás mirando? —preguntó.