PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

—El señor Alejandro Valdés desea dedicar unas palabras a una persona muy especial.

Alejandro subió al escenario.

Tomó el micrófono.

—Hace muchos años conocí a una joven que tenía más sueños que dinero. Yo era un muchacho que no sabía casi nada del mundo, pero ella me enseñó algo que nunca olvidé: el valor de una persona no depende de lo que posee, sino de lo que es capaz de construir.

Las personas comenzaron a guardar silencio.

—La vida nos separó durante treinta años. Y cuando volví a encontrarla, descubrí que aquella joven se había convertido en una mujer extraordinaria. Una mujer que había trabajado en silencio, que había soportado humillaciones y que, aun así, nunca perdió su capacidad de crear.

Me miró.

—Hoy no quiero presentarla como mi pareja ni como la mujer que amo. Quiero presentarla por lo que ha conseguido con su propio esfuerzo.

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