PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

—¿Lo recuerdas?

—Recuerdo hasta el color de tu abrigo.

Sacó una pequeña caja.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Alejandro…

—Déjame terminar.

Abrió la caja.

Dentro había un anillo nuevo.

No era el que había comprado cuando tenía diecisiete años.

Era una pieza sencilla, con una pequeña piedra azul.

—Aquel muchacho te prometió que algún día tendría suficiente dinero para darte una vida cómoda. Pero ahora sé que eso no era lo que necesitabas.

Me tomó las manos.

—No quiero ofrecerte una vida de lujo como si fuera un premio. Quiero ofrecerte compañía. Quiero desayunar contigo, escucharte hablar de tus diseños, discutir sobre qué película ver y acompañarte cuando tengas un día difícil.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No puedo recuperar los treinta años que nos quitaron. Pero puedo intentar que los años que nos quedan estén llenos de verdad.

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