PARTE 2: “¿Alejandro?” apenas pude decir.

Durante un largo momento no pude hablar.

—Necesito pensarlo.

—Tómate todo el tiempo que quieras.

Salí de aquella fábrica con una sensación que hacía años no experimentaba.

Ilusión.

No era la ilusión de ser amada por un hombre poderoso.

Era la ilusión de volver a creer en mí.

PARTE 8: EL VESTIDO AZUL

Durante los siguientes meses trabajé sin descanso.

Pero esta vez era diferente.

Nadie me ordenaba levantarme temprano para preparar el desayuno de otra persona. Nadie criticaba mi ropa. Nadie se apropiaba de mis ideas.

Mi pequeño equipo estaba formado por seis mujeres.

Algunas eran madres solteras. Otras habían perdido sus empleos. Una de ellas llevaba veinte años cosiendo para otras marcas sin haber tenido nunca la oportunidad de firmar una sola de sus creaciones.

Decidí llamar al proyecto «Mariana».

No porque quisiera poner mi nombre en todas partes.

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