—¿Nosotros?
—No puedes dejar que todo termine así.
—Ricardo, tú terminaste nuestro matrimonio hace mucho tiempo. Yo solo acabo de enterarme.
—Estaba bajo mucha presión.
—¿Y eso justifica robar?
Guardó silencio.
Después cambió de tono.
—Escúchame. Alejandro te está utilizando. Es un hombre poderoso. Tiene abogados, dinero y gente que puede hacer desaparecer cualquier problema. ¿De verdad crees que va a protegerte?
—No necesito que me proteja.
—¡Eres mi esposa!
—Ya no quiero serlo.
—No puedes abandonarme después de doce años.
Me quedé en silencio.
Recordé todas las noches en que lo había esperado despierta. Los cumpleaños que había pasado sola. Las veces que había vendido alguna de mis creaciones para completar los gastos de la casa mientras él compraba regalos caros para impresionar a sus superiores.
—Ricardo, durante doce años fui tu esposa cuando necesitabas que trabajara gratis, cuando necesitabas que corrigiera tus errores y cuando necesitabas que guardara silencio. Pero nunca fui tu compañera. Fui tu herramienta.