Mauricio conservó su empresa, sus inversiones y lo que legalmente le correspondía.
Yo conservé mi fideicomiso y recuperé el control directo sobre mi vida financiera.
Los gemelos vivían principalmente conmigo y veían a su padre según el acuerdo establecido.
Nos comunicábamos por escrito.
Cuando preguntaba por una fiebre, respondía.
Cuando intentaba convertir un horario de recogida en una crítica hacia mí, yo volvía al horario de recogida.
Compré una casa más pequeña en las afueras de Ciudad de México.
Tenía un jardín diminuto, una puerta de cocina que había que empujar dos veces y un estante torcido en el cuarto de lavado.
Me encantaba.
Contraté ayuda algunos días por semana.
Volví poco a poco a trabajar.
No todos los días eran buenos.
Mateo podía pasar una tarde entera negándose a dormir.
Emma una vez vació un plato de yogur dentro de uno de mis zapatos.