Julián levantó una llave inglesa frente a la cámara.
—Pier 7. Una hora, Renata. Tú sola. Si aparece la policía, Marta no sale viva.
Sebastián negó con la cabeza.
—No irás.
Miré el video.
Después miré a Ramiro.
—Prepara todo.
Sebastián me agarró del brazo.
—Renata, Ximena activó a sus hombres.
Me liberé lentamente.
—Eso es exactamente lo que espero.
Parte 3
Llegué sola a una vieja terminal de carga en el puerto de Veracruz poco después de medianoche.
Había cambiado los tacones por botas y el vestido de gala por pantalones negros y una camisa sencilla.
La enorme nave industrial estaba casi vacía.
Casi.
Julián esperaba bajo una lámpara.
Marta estaba atada detrás de él.
Y junto a unas columnas aparecieron hombres armados.
Más de veinte.
Ximena salió de entre ellos.
Ya no llevaba joyas ni vestido de diseñador.