Esperé.
—Ella estaba arriba.
—¿Te vio?
—Sí.
Lo siguiente lo dijo tan bajito que tuve que presionar el teléfono contra mi oído.
—Me miró… y cerró la cortina.
Una enfermera tomó el teléfono segundos después porque Valeria comenzó a hiperventilar.
No recuerdo haber guardado mi ropa.
No recuerdo el trayecto al aeropuerto.
No recuerdo haber dormido.
Solo recuerdo caminar por el pasillo de un hospital privado en Guadalajara 11 horas después y ver a mi hija detrás de un cristal.
Tenía los 2 brazos inmovilizados.
Una pierna estaba suspendida.
Su rostro tenía moretones.
2 dedos estaban fracturados.
3 costillas también.
El traumatólogo me habló sin rodeos.
—La fractura del fémur fue grave, señor Mendoza.
Me entregó una carpeta.
—Pero lo que más nos preocupa no es solo la recuperación física.
Miré a Valeria.
Parecía demasiado pequeña dentro de aquella cama.