PARTE 2: El martes por la mañana, la directora Patricia Salgado esperaba a Diego en su oficina.

«Un maestro puede olvidar muchas lecciones que enseña, pero un niño jamás debería olvidar que alguien estuvo dispuesto a escucharlo cuando pidió ayuda».

Porque los niños no siempre saben explicar lo que les sucede. A veces no tienen las palabras, no conocen los nombres de las cosas y ni siquiera saben cómo pedir protección.

A veces solamente dicen:

«Me duele».

Y nuestra responsabilidad como adultos es detenernos, escuchar, tomar en serio sus palabras y buscar ayuda profesional.

No mirar hacia otro lado.

No proteger una reputación.

No culpar a quien se atreve a hablar.

Porque ninguna institución es más importante que la seguridad de un niño.

Y ninguna reputación vale más que su infancia.

FIN. ❤️

Nota importante: Esta historia aborda posibles situaciones de violencia infantil. Ante señales de abuso, es fundamental no interrogar repetidamente al menor ni confrontar al presunto agresor; hay que priorizar su seguridad, escuchar sin juzgar y comunicarlo inmediatamente a las autoridades de protección infantil y servicios médicos correspondientes.

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