Seguí a mi madre una mañana y la vi abrazando a mi exesposa en su puesto de fruta. «Todavía no le digas que vengo», le susurró. Llevábamos 2 años divorciados por unas fotos que parecían demostrar su infidelidad. No dije nada. Días después, encontré unas facturas que me hicieron mirar aquellas fotos de otra manera.

A la mañana siguiente, Yolanda ni siquiera abrió su negocio.

Caminó las 10 cuadras hasta mi empresa con la canasta de mimbre colgada del brazo.

La escuché discutir con el guardia desde el elevador.

“Ella viene conmigo”, dije.

Entramos a una sala vacía.

Yolanda puso la canasta sobre la mesa.

“Esta me la regalaste cuando nos casamos.”

La abrió.

“Durante 2 años creí que solo guardaba recuerdos aquí. Resulta que también estaba guardando la razón por la que destruyeron nuestro matrimonio.”

Metió la mano en el fondo.

Y sacó un paquete de documentos.

Parte 3

Tomé la primera factura sin entender todavía qué estaba mirando.

Había transferencias de la constructora hacia varias cuentas vinculadas a proveedores que yo conocía de nombre, pero los números no coincidían con ningún proyecto real.

Yolanda extendió otra hoja.

“Hace 2 años encontré estas mismas empresas mientras revisaba unos gastos de la constructora.”

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