Seguí a mi madre una mañana y la vi abrazando a mi exesposa en su puesto de fruta. «Todavía no le digas que vengo», le susurró. Llevábamos 2 años divorciados por unas fotos que parecían demostrar su infidelidad. No dije nada. Días después, encontré unas facturas que me hicieron mirar aquellas fotos de otra manera.

Yo me quedé mirando la vieja canasta de mimbre.

Y por primera vez me hice una pregunta que llevaba 2 años evitando:

¿Qué habría intentado decirme Yolanda aquella noche antes de que todos la obligáramos a callarse?

Parte 2: Esa misma semana Renato comenzó a presionarme para acelerar el desalojo del mercado.

“El ayuntamiento adelantó los plazos.”

“¿Desde cuándo?”

“Desde ahora. Necesitamos cerrar antes de fin de mes.”

Algo no cuadraba.

Pedí a mi asistente que verificara directamente con el ayuntamiento. Media hora después regresó confundida.

“No aparece ninguna solicitud formal para adelantar las fechas.”

Aquella noche llamé a mi madre.

“Sé que visitas a Yolanda.”

Guardó silencio unos segundos.

“Entonces ya viste lo que tenías que ver.”

“¿Por qué sigues buscándola después de lo que hizo?”

Su respuesta me dejó frío.

“Porque nunca creí que lo hubiera hecho.”

“Yo vi las fotografías.”

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