“Aquí están nuestras condiciones.”
“Antes quiero aclararte algo. Yo no pedí venir.”
“No pensé que viniera a buscarme.”
Me golpeó más que me tratara de usted que cualquier insulto.
Revisamos compensaciones, fechas y gastos de traslado. Ella defendía a los comerciantes con una seguridad que yo no recordaba haberle visto.
Cuando terminamos, añadió una última condición:
“Nadie se queda sin puesto. O nos movemos todos o no se mueve nadie.”
“Puedo garantizarlo.”
“No quiero palabras. Lo quiero por escrito.”
La miré.
Ella sostuvo mis ojos.
“Hace 2 años aprendí que las palabras desaparecen muy rápido cuando a alguien le conviene.”
Sentí la frase como una piedra.
Entonces respiró hondo.
“No voy a volver a explicarte lo de aquellas fotografías, Osvaldo. Intenté hacerlo una vez y nadie me dejó terminar. No pienso suplicar otra vez para que alguien me crea.”
Se alejó para atender a una clienta.