—No te estoy haciendo nada. Simplemente estoy dejando de permitir que lo hagas tú conmigo.
# PARTE 4: LA MUJER A LA QUE TODOS SUBESTIMARON
Rodrigo se dejó caer en la silla.
—¿Quién eres realmente, Mariana?
Lo miré y respondí:
—Soy la misma mujer con la que te casaste.
Pero había llegado el momento de contarle algo que nunca le había explicado.
Mi padre había fundado una compañía de inversiones y desarrollo inmobiliario. Cuando falleció, yo heredé una participación importante en el grupo empresarial familiar.
También heredé responsabilidades.
Durante años había trabajado discretamente, evitando aparecer en revistas y eventos sociales.
Me gustaba vestir de manera sencilla, conducir mi propio automóvil y mantener una oficina pequeña en el centro de la ciudad.
Rodrigo conocía mi trabajo, pero jamás se interesó realmente en él.
Creía que mi oficina era un pequeño negocio sin importancia.