PARTE 2: El desayuno servido

Teresa apretó los labios.

Rodrigo comenzó a caminar alrededor de la mesa.

—Mariana, vamos a hablar a solas. Diles que se vayan. Te prometo que podemos arreglarlo.

Lo observé durante unos segundos.

Recordé las veces que había llorado encerrada en el baño. Las noches en que había dormido con la puerta cerrada por miedo a que regresara borracho. Las ocasiones en que había escondido los moretones bajo maquillaje para que mis empleados no sospecharan nada.

—Tuviste muchas oportunidades para arreglarlo —le contesté—. Ayer fue la última.

Entonces Arturo Medina abrió el portafolio negro.

—Señor Salazar, también debemos hablar de las cuentas de su empresa.

Rodrigo se quedó inmóvil.

—¿Qué cuentas?

Arturo sacó varios documentos.

—Las cuentas empresariales que usted ha utilizado durante los últimos dos años presentan movimientos que requieren aclaraciones. Hay transferencias a empresas relacionadas, facturas sin respaldo suficiente y operaciones que el departamento de cumplimiento ha señalado para revisión.

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