Lourdes se negó a hacerlo sin una instrucción formal y consultó con una asesora laboral.
No había robado documentos ni investigado mis asuntos privados.
Solamente había registrado quién entraba, cuánto permanecía y qué tareas le habían encargado.
Enrique organizó una reunión entre nosotros.
Allí descubrimos que, durante los últimos 9 meses, Lourdes había registrado 12 visitas sanitarias.
Varias coincidían con reuniones financieras canceladas por mis dolores.
—No sé qué hacían dentro del despacho, señor —aclaró—.
Solo puedo decirle cuándo llegaban y quién me ordenaba preparar la habitación.
Su precisión me impresionó.
No intentaba convertir sospechas en certezas.
El análisis de los primeros expedientes mostró contradicciones: fechas de programación que no aparecían completas, informes que describían mejorías durante periodos en que yo había registrado dolores intensos y recomendaciones médicas utilizadas para justificar ausencias empresariales.