La hija de 5 años de mi empleada señaló mi nuca y dijo: “Señor, tiene algo debajo de la piel”. Mi prometida intervino de inmediato: “Solo es una cicatriz vieja, cariño”. Después de 3 años sufriendo constantes lagunas de memoria, pedí que me examinara un médico independiente y exigí mi historial clínico completo. Entonces apareció un correo que yo mismo había enviado 2 años antes… y su contenido contradecía lo que figuraba en mi expediente médico.

—No podemos asumir que un aparato explique todos sus problemas —me dijo—.

También debemos revisar el traumatismo, el sueño y los medicamentos.

Me preguntó qué dosis tomaba.

No supe contestar.

Durante años Amalia y Morata habían organizado mis tratamientos.

Cuando finalmente obtuvimos una primera imagen, apareció el pequeño dispositivo subcutáneo conectado al sistema de estimulación periférica.

No había indicios inmediatos de una urgencia quirúrgica.

Sin embargo, necesitábamos comprobar sus registros.

Solicité formalmente mi expediente.

Morata me llamó casi enseguida.

—Siempre has respondido bien cuando sigues nuestras indicaciones, Leandro.

—Entonces no tendrá inconveniente en entregarme los registros.

—Tu ansiedad puede estar empeorando los dolores.

—Preguntar por mi historial no es un síntoma, doctor.

Pedí que todas las comunicaciones posteriores quedaran documentadas.

Mientras tanto, Amalia amenazó con revisar el contrato laboral de Lourdes.

Le exigió que dejara de anotar visitas y entregara su libreta amarilla.

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