Gerardo frunció el ceño.
—El que autorizaste después del accidente.
Te lo hemos explicado muchas veces.
Recordaba haber aceptado un tratamiento experimental de estimulación nerviosa periférica para aliviar el dolor.
Pero no recordaba exactamente dónde habían colocado el dispositivo ni por qué seguían ajustándolo 3 años después.
Amalia apareció con una carpeta azul.
—Es un estimulador de los nervios occipitales, cariño.
Cuando tienes migraña confundes las cosas.
—Quiero los informes de implantación y los registros de cada ajuste.
—El doctor Tadeo Morata los tiene.
—Entonces se los pediré.
Amalia suspiró.
—No estás bien para tomar decisiones médicas importantes.
La miré fijamente.
—Pedir mi propio expediente no es una decisión irresponsable.
Gerardo bajó la mirada.
Esa reacción me hizo recordar otras ocasiones en que Amalia había utilizado mi salud para cancelar viajes, aplazar reuniones y evitar que revisara contratos.