Nada de aquello reparó nuestra relación.
Gerardo intentó responsabilizar a otros.
Sin embargo, las comunicaciones empresariales y los documentos bajo revisión cuestionaban su versión.
Finalmente, el consejo limitó sus facultades y organizó una dirección provisional para las áreas afectadas.
Salió del edificio donde había trabajado durante 18 años sin que nadie acudiera a despedirlo.
Las revisiones continuaron, pero yo ya no quería convertir cada descubrimiento en una batalla personal.
Delfina organizó un equipo para evaluar mi recuperación y la utilidad real del implante.
Los especialistas modificaron gradualmente los tratamientos bajo supervisión.
Algunos episodios de confusión disminuyeron; otros síntomas persistieron.
Nadie prometió devolverme todos mis recuerdos.
Lourdes, por su parte, recibió una propuesta para regresar a mi casa, pero prefirió continuar en un centro comunitario donde había encontrado trabajo.
Con asesoramiento, resolvió los asuntos laborales pendientes sin renunciar a colaborar con investigaciones legítimas.