Vanessa se fue. El coche dobló la esquina con una prudencia que no le conocía. Preston se pasó la mano por la cara.
—Audrey, hay un laboratorio a tres calles. Pueden tomar las muestras hoy y llamar mañana. Si prefieres otro sitio, lo cambiamos. Si prefieres no hacerlo, lo acepto, pero entonces seguiré siendo el hombre que te creyó incapaz y yo no quiero seguir siendo ese hombre ni un día más.
Pensé en Oliver contando círculos. Pensé en Grace y en la pregunta que harían dentro de unos años, cuando alguien en un colegio repitiera una versión torcida. Pensé también en mi derecho a no ofrecer sus cuerpos como espectáculo.
—Hoy —dije—. Sin fotos. Sin familiares en la sala. Emily trae a los niños y se queda con ellos. Tú esperas fuera. El resultado se nos dice a los dos, y a Brielle si ella quiere oírlo, porque su hijo también nace de esta mentira. Después decidimos con calma cómo se llama cada cosa. No antes.