Parte 2: EL MONTAÑÉS QUE COMPRÓ A LA MUJER QUE TODOS LLAMABAN MONSTRUO DESCUBRIÓ QUE LA ÚNICA CICATRIZ VERDADERA ESTABA EN EL CORAZÓN DE QUIENES LA RECHAZARON

Las lágrimas brillaban en los ojos de Josephine.

—Cyrus…

Él tomó aire.

—¿Aceptarías casarte conmigo?

Ella no respondió con palabras.

Simplemente se lanzó a abrazarlo.

Era el primer abrazo que recibía sin miedo.

Él la sostuvo con la misma delicadeza con la que aquella noche había retirado el saco de su cabeza.

Meses después todo el pueblo asistió a la boda.

Josephine caminó por la pequeña iglesia con el rostro completamente descubierto.

Ya no había sacos.

Ni velos.

Ni vergüenza.

Cuando el pastor preguntó si alguien se oponía a aquella unión, el silencio fue absoluto.

Los mismos hombres que antes se habían burlado bajaron la cabeza avergonzados.

Cyrus colocó el anillo en su dedo.

Después acarició suavemente la marca de nacimiento de su rostro.

—Nunca fue una maldición.

Susurró.

—Fue la forma en que Dios se aseguró de que solo quien supiera mirar con el corazón pudiera encontrarte.

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