EL JEFE DE LA MAFIA AL QUE ABANDONÉ ONCE DÍAS DESPUÉS DE NUESTRA BODA IRRUMPIÓ EN MI QUIRÓFANO, PERO LA VERDAD SOBRE MI HUIDA CAMBIÓ TODO

Seguí caminando.

Daniel permaneció inestable durante las siguientes horas.

A las seis de la mañana desarrolló una alteración del ritmo cardíaco que conseguimos controlar.

A las ocho, sus parámetros comenzaron lentamente a mejorar.

A las diez, pude respirar por primera vez.

Cuando salí de cuidados intensivos, Dominic estaba sentado en una silla de plástico.

Solo.

Sin guardaespaldas.

Sin abrigo.

La camisa blanca tenía las mangas remangadas y llevaba casi nueve horas esperando.

Se levantó en cuanto me vio.

—¿Daniel?

—Está respondiendo. Sigue grave, pero las últimas horas han sido favorables.

Dominic cerró los ojos.

—¿Puedo verlo?

—Cuando la unidad lo autorice. Y tendrás que respetar todas las normas.

—Lo haré.

Comencé a alejarme.

—Ev… Evelyn.

Me detuve.

—¿Por qué?

Sabía exactamente qué preguntaba.

Durante tres años había ensayado cientos de respuestas.

Ninguna parecía suficiente ahora.

—Porque once días después de nuestra boda encontré un expediente en tu despacho.

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