—Hoy no camino hasta un coche sin marearme —dijo Elena—. Mañana, si el médico firma el alta voluntaria, sí. Esta noche duermo aquí. He dormido aquí muchos meses. Una noche más no me mata. Lo que me da miedo es la puerta cuando anochece.
Como si el patio la hubiera escuchado, la enfermera de gafas apareció bajo la higuera.
—Hay un hombre en recepción preguntando por familiares de Hart. No dije nada. Viene con otro más joven y con un tercero que huele a despacho. Les pedí que esperaran fuera. Puedo llamar a la policía del pueblo si se niegan a irse. También puedo dejarlos pasar, si ustedes quieren esa conversación aquí, donde hay testigos y no hay carretera oscura.
Alexander me miró. Esta vez la elección era mía.
—Que pasen al vestíbulo —dije—. Nosotros salimos. Elena no se queda sola con él. Usted se queda a su lado.