—Qué enternecedor —dijo—. El día después de la boda de tu hermana, Clara, montas una reunión secreta. Nathan, mira. Esto es lo que tu cuñada llama familia.
Nathan no miró la lata. Me miró a mí, y enseguida apartó los ojos.
—Sophie, vámonos —dijo—. Tu padre tiene una propuesta. El señor Whitmore puede oírla en un despacho, no aquí.
—Sophie se queda si quiere —respondí.
Mi hermana no se levantó. Graham lo notó, y la nota de burla se le enfrió.
—Inés Calderón. Creí que ya te habrías muerto o mudado de país. Esa caja es propiedad de un asunto privado entre socios. Entrégala.
Inés puso la mano encima de la lata.
—La caja es de la hija. Y usted no se sienta en mi mesa.
El abogado carraspeó.
—Señora, si retiene documentos de Hart Development, mi cliente pedirá que un tribunal los reclame. Les sugiero no agravar la situación con acusaciones de oídas. Una carta antigua y una nota sin fecha no anulan una gestión societaria.