—Déjenla terminar.
Victoria lo miró indignada.
—¡Nuestra familia ha donado millones a esta institución!
El rector respondió con frialdad:
—Las donaciones no otorgan el derecho de interrumpir una ceremonia ni de amenazar a una estudiante.
Los aplausos comenzaron tímidamente.
Después crecieron.
Pero Elena todavía no había terminado.
—Cuando rechacé el acuerdo, recibí una advertencia.
La pantalla cambió.
Apareció un correo electrónico enviado desde una dirección vinculada a los representantes de la familia Whitmore.
En él se insinuaba que, si Elena hacía pública la relación, podrían surgir denuncias que afectarían su reputación académica.
Elena explicó que había entregado esas comunicaciones a las autoridades correspondientes para que fueran verificadas.
—No sé cuántas personas poderosas participaron en esto —dijo—. Pero sé lo que sentí cuando pensé que podían quitarme todo por negarme a esconder a mi hija.