Al finalizar la ceremonia, una mujer se acercó a nosotras.
Era Victoria Whitmore.
No llevaba su habitual séquito de asistentes.
Parecía más cansada y envejecida.
Se detuvo frente a Elena.
—Quisiera hablar contigo.
Mi hija la miró con cautela.
—La escucho.
Victoria observó a Aurora.
Por primera vez, sus ojos se humedecieron.
—Es muy parecida a Adrian cuando era pequeño.
Elena no respondió.
—He cometido errores —continuó Victoria—. Creí que estaba protegiendo a mi familia.
Mi hija sostuvo a Aurora con firmeza.
—Una familia no se protege haciendo daño a un bebé, señora Whitmore.
Victoria bajó la cabeza.
—Lo sé.
Después preguntó:
—¿Algún día podré conocer a mi nieta?
Elena respiró profundamente.
—Eso dependerá de que respete nuestros límites, asuma lo que hizo y demuestre con el tiempo que puede tratarla con amor y dignidad.
Victoria asintió lentamente.
No hubo abrazos.