Cuando le entregaron el reconocimiento, volvió a subir a un escenario.
Pero esta vez nadie intentó silenciarla.
Aurora estaba conmigo, sentada en mis brazos, más fuerte y saludable.
Elena tomó el micrófono.
—Hace algunos meses subí a un escenario con mi hija y mucho miedo —comenzó—. Hoy regreso con una convicción todavía más grande.
Miró hacia nosotras.
—Ninguna madre debería tener que elegir entre su educación, su dignidad y el bienestar de su bebé.
Después anunció que parte del financiamiento recibido para su proyecto se destinaría a desarrollar una iniciativa de acompañamiento para madres jóvenes que continuaban sus estudios.
El público aplaudió.
Yo besé la frente de Aurora.
Pensé en aquella noche en que encontré a Elena llorando en el hospital, convencida de que su futuro había terminado.
Ahora estaba ayudando a otras jóvenes a no sentirse solas.